CIENCIA, EDUCACIÓN, EQUIDAD Y CAMBIO CLIMÁTICO: REFERENTES INDISPENSABLES PARA SALVAR AL PLANETA

Por Alejandra Chacón

La pandemia por COVID19 es un evento que ha resultado un medio de contraste de nuestras vidas, nuestras sociedades, instituciones y países; ha venido a cuestionar varios paradigmas a nivel mundial y a mostrar claramente todo lo que no funciona.

La falta de visión global de la problemática mundial en la mayoría de los gobiernos -al menos al inicio-, la falta visión estratégica de un gran número de gobiernos, la gravedad que el populismo gobierne, las limitaciones de los sistemas de salud, la inequidad en la distribución de oportunidades, la violencia de género, la explotación infantil, el racismo, las ineficiencias del sistema educativo, la posibilidad real del teletrabajo, el altísimo consumo en productos superfluos, los defectos de nuestros sistemas de movilidad y la urgencia de la flora y fauna por recuperar espacios, son solo algunos de los ejemplos que muestran la necesidad de hacer una revisión a fondo de nuestra forma de vivir.

El cambio climático ya es un hecho y una posible segunda pandemia un asunto más que posible. A pesar de eso, muchos países siguen sin considerar tales temas en sus agendas como elementos prioritarios. Debemos entender que, si no planteamos la reconstrucción de los países y nuestras comunidades teniendo en cuenta como elementos fundamentales el cambio climático, alguna otra pandemia y nuevos paradigmas éticos, políticos y económicos, la crisis que vivimos ahora es un mero ensayo de lo que puede venir. Es aquí donde la ciencia y la educación tienen un papel fundamental para la toma de decisiones futuras. En las actuales condiciones, la ideología y la demagogia son un lastre que, sobre todo en los países con bajos niveles educativos, es profundamente dañina pues apuestan por la ignorancia, las soluciones individualistas y la confrontación, todo lo cual sabemos que nunca ha dado soluciones.

EU, México, Brasil y Venezuela son claros ejemplos donde la demagogia ha provocado un daño aún incalculable pero ya extraordinariamente grande que implica pérdidas humanas, daño a la salud y daño económico que se podrían haber evitado y que marcarán a todas sus poblaciones de por vida, en especial a las niñas, niños y jóvenes, así como a las poblaciones más vulnerables. Existen muchos ejemplos en el mundo que sugieren que toda respuesta ante la pandemia o crisis semejantes deben dar un lugar central a la ciencia, deben implicar estrategias innovadoras que no permitan la demagogia y que dichas respuestas deben reconocer el riesgo existente, priorizar las medidas preventivas y favorecer ante todo el bienestar social de toda la población a largo plazo;

Taiwan, Nueva Zelanda, Finlandia, Islandia, Alemania y Noruega son algunos ejemplos, que por cierto, todos son países liderados por una mujer. En la Unión Europea se empieza a trabajar en la reconstrucción de la región para lo cual representantes políticos, directivos de grandes multinacionales, ONGs, expertos, eurodiputados, asociaciones empresariales, confederaciones y federaciones sindicales trabajan por (i) generar un plan de reconstrucción para la Unión Europea que tenga como elemento estructural el cambio climático, y (ii) lograr una estrategia innovadora, que vaya más allá de las ideas trilladas y los modelos desgastados que de ninguna manera podrían ser adaptados a una realidad tan diferente como la que resulte de la COVID19. Angela Merkel recién señaló que pensar el Estado Nación como hasta ahora, es obsoleto. Emmanuel Macron convocó a un comité de expertos para entender el mundo post COVID19; algo semejante fue integrado en NY y Madrid.

Debemos dimensionar el tamaño de parteaguas que vive hoy el mundo para entender que nunca seremos los mismos y que se necesitan nuevas y mejores ideas; las estrategias de reconstrucción no deberán subestimar los riesgos, se deben priorizar las medidas preventivas y se debe preferir el bienestar social a largo plazo, en lugar del bienestar económico de corto plazo. Se necesitan soluciones a la altura de las circunstancias que identifiquen todos los temas que han hecho crisis o que podrían hacer para que, en base a la ciencia, la tecnología y la educación se logre hacer un mapeo del mundo post-COVID19. El futuro de nuestros hijos y nuestro planeta depende de eso.
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